jueves, 5 de marzo de 2009

EL PESO DE LOS BLANCOS LAZOS


Desde el campanario de una vieja iglesia, una paloma se lanza al vuelo con un lazo blanco sujeto al pico, en el otro extremo jugueteando, haciendo piruetas y alardes de buen planeador ante mis ojos, un palomo entusiasta flirtea con ella, atrapándolo una y otra vez. Solo ellos entienden el significado de las figuritas que ejecutan en el aire, pero a la vista no dejan de ser perfectas. Durante mi corta estancia alli, las coreografías se refinaron y alargaron más, su complejidad era absoluta.
Un tiempo después, de regreso por aquel casi abandonado pueblo con torre, aun volaban las mismas palomas. Si bien las figuras ya no son tan gráciles, pues desde dentro, el ritmo de la costumbre es tan lento que no se aprecia hasta que sorprende, perseguir los lazos no es tan fácil si no vuelan por si mismos y las figuras que aun no son aptas para mi, perdieron su elegante forma de antes.
Si los blancos lazos un día se hacen cadenas - pienso- hoy pagaría por llevar una al cuello.
Un aldeano silba fuerte desde su ventana y el palomo regresa perseguido esta vez por ella y su blanco lazo, sacudiendo este pensamiento de mi cabeza
- La comida esta lista, atlas- le dice acariciándolo y el palomo se queda quieto hasta que la paloma regresa para comer juntos, ya que ahora es mas lento su vuelo.
Parece que acarrear el peso de las cadenas sujeta la vida a la tierra y hace dulce lo que en realidad nunca fue una tarea, pues si pierde la tersura, gana peso el corazón.


40crisis40

Un día me rompí, y me abrí,
al golpearme con una nube,
me quebré, me chasque.

Al tocar el aire me rasgué, y me fracturé,
desligándome de la existencia,
hendido y sin saber por donde,
descompuesto y derribado,
despeñado, prorrumpiendo, un mudo grito,
por la grieta que ahora veo.

Al querer vivir me partí, me perdí, me escindí
vi, porque lo vi! mi propia sangre, brotando del suelo,
sin sentido, despiadada, que ocupando mi lugar, me deporta, muerto, sin aviso, a otra vida renacida.