jueves, 15 de octubre de 2009

yacaré


Aquellos que tienen el alma escarificada saben lo peligroso que es tomarse un descanso antes de terminar todo el dibujo. Ni tan largo fue el mío que duro un embarazo, pero lo suficiente para quitar la anestesia que provoca el dolor. Y ahora, a palo seco porque ni ganas de beber tengo; fumo.
Y retomo el diseño de mi alma que he recordado solo con verlo, aun me queda un poco para terminar.
Pellizcas con dos dedos un trozo de carne de mi muslo y miro la cuchilla que sujetas con la otra. Siento como la hundes en la carne en un ángulo de 90º con cuidado de no cortarte las yemas.
Con precisión, la hundes de nuevo por el otro lado de tus dedos, que forman una montaña y cortas buscando el fondo de la herida, desaparece el pellizco de carne que cae en la palma de la mano, un trazo menos del que preocuparme.
Cuando terminen con el dibujo, tendré el alma tan dura como la de un cocodrilo y quien sabe, igual entonces el yacaré se enamore de un gusano y no se lo coma.

40crisis40

Un día me rompí, y me abrí,
al golpearme con una nube,
me quebré, me chasque.

Al tocar el aire me rasgué, y me fracturé,
desligándome de la existencia,
hendido y sin saber por donde,
descompuesto y derribado,
despeñado, prorrumpiendo, un mudo grito,
por la grieta que ahora veo.

Al querer vivir me partí, me perdí, me escindí
vi, porque lo vi! mi propia sangre, brotando del suelo,
sin sentido, despiadada, que ocupando mi lugar, me deporta, muerto, sin aviso, a otra vida renacida.