martes, 16 de septiembre de 2008

Yendo a dormir


Esta noche como todas las noches, nos traerá consigo a los hijos de los claxoneros diurnos, colonizando el centro de la ciudad, excitados por una fiesta más y la posibilidad de terminar la noche como de costumbre.
Desde la cama les oigo llegar en pequeños grupos nerviosos, el barrio esta ya ocupado por completo y empiezan a ponerse más y más valientes a medida que sube el nivel de alcohol.
Una chica que la imagino recién teñida con botas altas en pleno verano, descarga todo lo que su amorosa madre le dio de cenar. Como aun esta en edad de merecer todo por ser tan inteligentemente hermosa, ni se preocupa de torcer la cara, y deja el menú sobre la entrada del portal. Su compañero viene desde el fondo de la estrecha calle de la luna, tirando todos los cubos de basura a la voz de su puta madre, cabrón, y esa era una zorra, bien animado por dos colegas de los guays, al menos es una calle corta, tan solo 36 cubos que a las dos de la noche suenan como los tambores de Calanda al abrirse contra el suelo.
La china de la esquina, hecha en ese momento la verja de un solo golpe, tan pequeñita y con tanta fuerza la mujer, aunque para fuerza la que tiene en su garganta, calculo que puede soltar un contundente lapo a mas de diez metros de distancia, hace un par de noches soltó uno de lado a lado de la calle y lo pego a un metro del suelo, en mitad del cristal de una puerta. Aunque la costumbre es tirarlos a los pies.
Ha pasado un coche con música bachata al volumen de un concierto de Tina Turner y a sacado a las amigas de la potadora de su griterío-conversación a cerca de que es mejor si el café con sal o no vomitar, ¿será que todas las generaciones están desinformadas al respecto? Dos senegaleses cruzan de acera hablando con el altavoz directamente instalado en sus cuerdas vocales, pura virilidad en estado gaseoso.
La pandilla se aleja al fin, las chicas sujetan a la guapa y los chicos alientan al gallito golpeando con fuerza lo buzones de publicidad y las chapas de los comercios. Poco a poco llega el sueño, acompañado de tres amigos que esta vez sin chicas descargan su frustración arrastrando los cubos y lanzando una litrona contra el suelo, una buena combinación de sonido para una samba.
La noche se calma, se tensa, se contradice y me irrita, el silencio se impone sobre el ruido que no desaparece, es el silencio el que suena ahora, la presión del ambiente aumenta, es un altavoz gigante o mis oídos están adquiriendo poderes de superhéroe, puedo escuchar jóvenes a dos calles pero el cansancio da una vuelta mas, y toda la tensión que se acumula desaparece con un sueño.
La presión es real, no es la acostumbrada tensión de ruido, es atmosférica y descarga una tromba de agua frenética sobre las casas. Entra en el sueño mi madre, tan amorosa que esta dispuesta a desinfectar la calle en plena madrugada armada con su vaporeta, para que todos despertemos como si no pasara nada, energía en estado puro, una obsesiva maquina de limpieza integral.
Esta cayendo tanta agua que en nada la calle parece un río, con afluentes aéreos que surgen de los tejados. Se ve un resplandor y en nada un trueno acompañado de olor fresco, a naturaleza en lata, no tenemos verde en el centro, a los gobernantes les gusta mas una loseta de cemento que un árbol, así que olor a hierba mojada lo justo si vas al parque, aquí es asfalto limpio y agua que arrastra polvo.
Esta noche no estamos solos, sin ruidos, resignados y lentos se aparecen entre las cortinas, la pareja de enfrente, la abuela del primero, un soldado a la izquierda con sus calzoncillos de la mili, alguien del hostal, la señora del segundo, la farmacéutica y todas los balcones se llenan de imágenes silenciosas, cada uno con su prenda de dormir, que en la mayor parte de los casos es nada, por eso nos ponemos las cortinas a modo de toga, un poco por respeto y pudor.
Vemos juntos con asombro como el agua ahora es granizo gordo, nos unimos en la vigilia, poniendo cara al nuevo vecino, que ayer tiro una bolsa del día llena de agua, al novio llorón de la escupidora olímpica. Sabemos que no es hora de intentar quedar bien, así que ni se intenta, el cansancio es demasiado grande por eso casi todos dejamos las cortinas atrás dando un ultimo vistazo y desaparecemos atrapados por la oscuridad que pronto traerá el esperado silencio.
Regreso a la cama abrazando la almohada, sintiendo como toda la calle se abraza entre si, echo de menos algo de compañía en este momento, solo por sentir el calor de otro cuerpo pero se que toda luna esta conmigo, a punto de soñar con sus madres cubiertas en togas, yendo a dormir

2 comentarios:

monicaco dijo...

Según releo los textos algunas objeciones se me ocurren, pero de género o número... Mi cielo es el septimo, y mi comunidad una panda de seres antropomórficos, sola me sentí viendo caer piedras del cielo, pero que bien se estaba, quizá me suba a la luna en la próxima... : )

Anónimo dijo...

Pequeño pablo,sin dormir te he visto asomado a la ventana.


40crisis40

Un día me rompí, y me abrí,
al golpearme con una nube,
me quebré, me chasque.

Al tocar el aire me rasgué, y me fracturé,
desligándome de la existencia,
hendido y sin saber por donde,
descompuesto y derribado,
despeñado, prorrumpiendo, un mudo grito,
por la grieta que ahora veo.

Al querer vivir me partí, me perdí, me escindí
vi, porque lo vi! mi propia sangre, brotando del suelo,
sin sentido, despiadada, que ocupando mi lugar, me deporta, muerto, sin aviso, a otra vida renacida.