miércoles, 13 de agosto de 2008

Decorador de interiores


Como árbol de navidad, plagado de bolas, salimos a las calles.
Encerrando en ellas las heridas, los dolores,
los trozos de carne que los golpes nos arrancan.
Sanamos las ausencias, a fuerza de luces cegadoras,
que son nada.

Sacudirse como un perro, los adornos que te pudren
lanzar a modo de esporas, lo que al parecer importa.
La incierta belleza interior / el evidente poder de la belleza

1 comentario:

monicaco dijo...

Es una forma interesante de sobrevivir, reconozcamos que nosotros podemos negar las evidencias, pero el entorno siempre nos mirará con esa sonrisa de suficiencia... Y nuestro corazón ("esa casa de putas" que decía Gabriel García Márquez) nos atacará a traición...
Brindemos por las esporas, esos pequeños trocitos de nosotros que sembramos en otros lugares.


40crisis40

Un día me rompí, y me abrí,
al golpearme con una nube,
me quebré, me chasque.

Al tocar el aire me rasgué, y me fracturé,
desligándome de la existencia,
hendido y sin saber por donde,
descompuesto y derribado,
despeñado, prorrumpiendo, un mudo grito,
por la grieta que ahora veo.

Al querer vivir me partí, me perdí, me escindí
vi, porque lo vi! mi propia sangre, brotando del suelo,
sin sentido, despiadada, que ocupando mi lugar, me deporta, muerto, sin aviso, a otra vida renacida.